Cubrir una indagatoria en los Tribunales Federales de Retiro, sobre la avenida de los Inmigrantes, nos exige mucho más que técnica; requiere una resistencia física y mental que pocas veces se ve reflejada en la imagen final.
El fotoperiodismo no es lo que muchos imaginan. No es el fotógrafo logrando composiciones perfectas en medio de un escenario de película. Casi siempre pasamos horas de espera bajo el sol o la lluvia por un momento que dura apenas unos minutos. Son instantes de estrés absoluto donde no sabemos con certeza si tenemos la foto, porque muchas veces disparamos sin poder ver por el ocular, levantando la cámara sobre la marea de gente e imaginando, gracias al oficio, qué está encuadrando el lente.
Durante las últimas dos jornadas de cobertura para Infobae, el medio para el cual trabajo hace más de una década, en las indagatorias de Pablo Toviggino y Claudio Tapia, mi labor arrancó muy temprano. Debido a la magnitud de los edificios en Retiro, la guardia me exige una alerta constante, ya que no siempre se sabe con precisión por qué puerta entrarán los protagonistas ni a qué hora. Como es imposible cubrir todos los accesos de forma individual, dependes del aviso de algún colega por celular para confirmar si el ingreso ya se produjo o si hay seguir esperando.
Cuando el personaje aparece, también lo hace el caos. Se desata un momento anárquico donde la fricción y el descontrol son totales, nos movemos como un enjambre junto a abogados, policías y prensa desplazándonos en bloque entre gritos ensordecedores y manotazos a los equipos. Es un instante puramente físico donde mantener el equilibrio y proteger nuestras cámaras resulta tan vital como el disparo mismo. Una vez que el estallido termina, hay que revisar el material. Si la imagen está, se siente el alivio del deber cumplido; de lo contrario, solo nos queda esperar la salida para una segunda oportunidad.
En este tipo de coberturas no se busca la foto perfecta, sino el sujeto en foco. Si además logro buena luz y encuadre, es un valor añadido, pero mi prioridad es el registro testimonial.
La última instancia es lo que en el medio conocemos como la "foto de vidrio". La técnica consiste en pegar el lente contra el vidrio del automóvil para anular los reflejos, que son nuestro principal enemigo. Si el vidrio es polarizado, el uso del flash es obligatorio para revelar el interior; de lo contrario, la única alternativa es pegarse al parabrisas buscando un ángulo limpio. El margen de error es mínimo, si el lente no está totalmente apoyado, el rebote de luz nos devuelve una imagen lavada o simplemente el negro del polarizado. Solo cuando logramos ese contacto perfecto y hay luz suficiente en el habitáculo, obtenemos una foto útil.
En la cobertura del jueves 12, durante la salida de Claudio Tapia, el sol pegaba de lleno sobre el parabrisas de la camioneta, anulando cualquier visión del interior. Para resolverlo, tuve que prácticamente subir medio cuerpo sobre el capot mientras el vehículo intentaba avanzar entre la multitud. En una maniobra de puro oficio, utilicé una mano para generar sombra sobre el parabrisas justo frente al lente, anulando así el reflejo, mientras con la otra operaba la cámara buscando el ángulo hacia el asiento del acompañante donde estaba sentado Tapia. Todo esto ocurrió en segundos, luchando por mantener el equilibrio y no ser desplazado por la presión de los colegas y la propia marcha del vehículo.
Después de tantos años de calle, entiendo que estas imágenes no son fruto de la suerte, sino de la experiencia. Al final, lo que cuenta es haber registrado la noticia, incluso cuando el entorno hace todo lo posible para que no suceda.
Claudio Tapia desde el interior de su coche. Fotografía realizada con la técnica "foto de vidrio". Utilicé mi mano izquierda como visera sobre el lente para bloquear la incidencia de luz en el cristal, logrando así exponer al sujeto dentro del auto.
Claudio Tapia desde el interior de su coche. Fotografía realizada con la técnica "foto de vidrio". Utilicé mi mano izquierda como visera sobre el lente para bloquear la incidencia de luz en el cristal, logrando así exponer al sujeto dentro del auto.
Claudio Tapia llegando a los tribunales federales de Retiro en medio de un enjambre de periodistas.
Claudio Tapia llegando a los tribunales federales de Retiro en medio de un enjambre de periodistas.
Claudio Tapia abandonando los tribunales federales de Retiro. En este tipo de notas, por lo general, el objetivo se encuentra resguardado o rodeado por una muchedumbre, lo que complica significativamente mantener el seguimiento del foco y, sobre todo, obtener un encuadre despejado del sujeto.
Claudio Tapia abandonando los tribunales federales de Retiro. En este tipo de notas, por lo general, el objetivo se encuentra resguardado o rodeado por una muchedumbre, lo que complica significativamente mantener el seguimiento del foco y, sobre todo, obtener un encuadre despejado del sujeto.
Claudio Tapia abordando su vehículo tras sortear a una multitud de cronistas, reporteros gráficos y equipos de televisión.
Claudio Tapia abordando su vehículo tras sortear a una multitud de cronistas, reporteros gráficos y equipos de televisión.
Pablo Toviggino llegando a los tribunales.
Pablo Toviggino llegando a los tribunales.
Pablo Toviggino llegando a los tribunales.
Pablo Toviggino llegando a los tribunales.
Pablo Toviggino saliendo de los tribunales rodeado de sus abogados y policía.
Pablo Toviggino saliendo de los tribunales rodeado de sus abogados y policía.
Pablo Toviggino saliendo de los tribunales rodeado de sus abogados y policía.
Pablo Toviggino saliendo de los tribunales rodeado de sus abogados y policía.
Pablo Toviggino abandonando la sede judicial custodiado por sus letrados, efectivos policiales y una marea de cronistas que buscaban obtener alguna declaración. En escenarios de tal vertiginosidad, resulta casi una utopía lograr una composición equilibrada y un encuadre libre de elementos distractores.
Pablo Toviggino abandonando la sede judicial custodiado por sus letrados, efectivos policiales y una marea de cronistas que buscaban obtener alguna declaración. En escenarios de tal vertiginosidad, resulta casi una utopía lograr una composición equilibrada y un encuadre libre de elementos distractores.
Pablo Toviggino abandonando la sede judicial custodiado por sus letrados, efectivos policiales y una marea de cronistas que buscaban obtener alguna declaración. En escenarios de tal vertiginosidad, resulta casi una utopía lograr una composición equilibrada y un encuadre libre de elementos distractores.
Pablo Toviggino abandonando la sede judicial custodiado por sus letrados, efectivos policiales y una marea de cronistas que buscaban obtener alguna declaración. En escenarios de tal vertiginosidad, resulta casi una utopía lograr una composición equilibrada y un encuadre libre de elementos distractores.